«Mi hija merecía vivir»: La Violencia Obstétrica, una Deuda Silenciosa que Cobra Vidas en Costa Rica
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«Mi hija merecía vivir»: La Violencia Obstétrica, una Deuda Silenciosa que Cobra Vidas en Costa Rica

11 may 2026por Lorena de la Garza

La violencia obstétrica trasciende el maltrato físico; incluye omisiones graves, falta de información y la negativa a escuchar a la paciente, lo que puede derivar en consecuencias fatales como la pérdida de vidas

En un país reconocido mundialmente por sus indicadores de salud y su respeto a los derechos humanos, existe una sala donde las garantías a menudo se desvanecen: la sala de parto. La llegada de una vida debería ser el momento de mayor protección y cuidado, pero para muchas mujeres en Costa Rica, se convierte en un escenario de trauma, desatención y dolor. Nos referimos a la violencia obstétrica, un fenómeno que, lejos de erradicarse, sigue cobrando facturas irreversibles.

Este tipo de violencia no siempre deja moretones visibles. Se define como el conjunto de acciones u omisiones por parte del personal de salud que vulneran los derechos de las mujeres durante el embarazo, parto y posparto. Incluye desde el trato deshumanizado y la infantilización, hasta la medicalización excesiva o, en el extremo opuesto, la negligencia ante emergencias claras. Históricamente, surge de una visión paternalista de la medicina, donde el cuerpo de la mujer es visto como un objeto de intervención y su voz es sistemáticamente silenciada bajo la premisa de que «el médico sabe más».

El Caso de «Sofía»: Cuando la Intuición de Madre es Ignorada

Para entender la gravedad de esta deuda estructural, no hacen falta estadísticas frías, sino escuchar las historias que rompen el silencio. Este diciembre, una mujer a la que llamaremos «Sofía» decidió compartir su testimonio para evitar que otras pasen por su infierno.

Sofía llegó a un centro médico con un embarazo sano y a término. Confiaba en el sistema. Sin embargo, durante el monitoreo, los latidos de su bebé comenzaron a disminuir.

“Su intuición le indicaba que algo no estaba bien. Expresó su preocupación y solicitó que se valorara la posibilidad de una cesárea. La respuesta que recibió no fue una explicación clínica detallada… sino una negativa sin un proceso claro de diálogo”.

La preocupación de la madre no fue incorporada en la toma de decisiones. No hubo consentimiento informado ni explicaciones. El resultado fue devastador: once horas después del nacimiento, su hija falleció. Una muerte que, bajo el análisis de una atención oportuna y una escucha activa, pudo haberse evitado.

Una Falla Estructural, No un «Caso Aislado»

Es tentador clasificar lo sucedido a Sofía como un error puntual o mala praxis individual. Sin embargo, los expertos y activistas señalan que esto es una falla estructural.

En Costa Rica, a pesar de los avances legislativos y la existencia de la Ley de Parto Humanizado, la práctica diaria en muchos hospitales sigue estando marcada por:

  • Falta de información: Se realizan procedimientos (o se omiten, como la cesárea en este caso) sin explicar el porqué a la paciente.
  • Minimización del dolor: Las quejas de las mujeres suelen ser desestimadas o catalogadas como «exageraciones».
  • Revictimización: Quienes intentan denunciar se enfrentan a procesos largos y burocráticos que desalientan la búsqueda de justicia.

Esta realidad vulnera tratados internacionales de Derechos Humanos ratificados por el Estado costarricense, afectando directamente el derecho a la vida, la integridad personal y la autonomía.

Derechos Vulnerados: La situación expone una violación directa a derechos humanos fundamentales protegidos por la legislación nacional e internacional: derecho a la vida, a la salud, a la integridad y a la información

Romper el Silencio para Sanar el Sistema

Reconocer que existe violencia obstétrica en la Caja Costarricense de Seguro Social o en centros privados no es un ataque a la institucionalidad; es una exigencia de mejora. La medicina moderna no puede limitarse a la técnica; debe recuperar su humanidad.

El testimonio de Sofía es un recordatorio brutal de que una democracia sólida no puede permitirse que las mujeres enfrenten violencia en su momento más vulnerable. Su hija merecía vivir, y Sofía merecía ser escuchada. Hoy, su voz se alza no desde el rencor, sino desde la esperanza de que ningún otro expediente termine archivado con una muerte que nunca debió ocurrir. La voz de Sofía cuenta. La vida de su hija también.

Gracias por leernos.

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